
Dicen que si vas al supermercado con hambre la compra te cuesta más. Esto se debe a que uno tiene apetito y todo le apetece, sin embargo si uno va después de comer a comprar esta disminuirá mucho en cantidad.
Esto puede conllevar que la semana que compras con hambre acabes tirando a la basura muchas cosas porque se caducan, sin que haya habido tiempo para consumirlas... Pero en el otro caso, puede que uno acabe la semana con la nevera vacía, y pase apuros para hacer las comidas en los últimos días de la semana.
Esto me ha hecho pensar que algo parecido nos pasa en la esfera espiritual. Nos movemos por nuestros apetitos... Nos apetece una cosa, satisfacemos nuestro deseo... Nos apetece otra, lo hacemos. Esto nos lleva a vivir impulsivamente, es decir, movidos por nuestros impulsos, sin hacer demasiado uso del tan proclamado "sentido de la razón", que parece ser, poseemos los seres humanos.
Hacemos nuestra compra movidos por el apetito del momento, sin tener en cuenta una visión más general de las necesidades de la semana. Lo mismo nos pasa en otras esferas de la vida, vivimos para el deseo del momento sin tener en cuenta nuestra eternidad.
La eternidad no se trata simplemente de un tiempo ilimitado, sino de una calidad ilimitada... El descubrir esta calidad está a nuestro alcance, no porque el ser humano tenga un magnifico sentido para razonar, sino porque el Ser que nos ha creado lo ha deseado y nos la ha traído.
El precio que pagó no dependió del apetito del momento, sino que soportó todo lo que hizo falta para lograr el bien eterno.
¡Jesucristo es el mayor placer de la vida, no te lo pierdas! Él es la causa de tu vida y el que te conoce con toda profundidad.
Esto puede conllevar que la semana que compras con hambre acabes tirando a la basura muchas cosas porque se caducan, sin que haya habido tiempo para consumirlas... Pero en el otro caso, puede que uno acabe la semana con la nevera vacía, y pase apuros para hacer las comidas en los últimos días de la semana.
Esto me ha hecho pensar que algo parecido nos pasa en la esfera espiritual. Nos movemos por nuestros apetitos... Nos apetece una cosa, satisfacemos nuestro deseo... Nos apetece otra, lo hacemos. Esto nos lleva a vivir impulsivamente, es decir, movidos por nuestros impulsos, sin hacer demasiado uso del tan proclamado "sentido de la razón", que parece ser, poseemos los seres humanos.
Hacemos nuestra compra movidos por el apetito del momento, sin tener en cuenta una visión más general de las necesidades de la semana. Lo mismo nos pasa en otras esferas de la vida, vivimos para el deseo del momento sin tener en cuenta nuestra eternidad.
La eternidad no se trata simplemente de un tiempo ilimitado, sino de una calidad ilimitada... El descubrir esta calidad está a nuestro alcance, no porque el ser humano tenga un magnifico sentido para razonar, sino porque el Ser que nos ha creado lo ha deseado y nos la ha traído.
El precio que pagó no dependió del apetito del momento, sino que soportó todo lo que hizo falta para lograr el bien eterno.
¡Jesucristo es el mayor placer de la vida, no te lo pierdas! Él es la causa de tu vida y el que te conoce con toda profundidad.









